No sé si era el alcohol u otra cosa, pero nos volvimos locos. Él empezó a quitarme la ropa poco a poco, yo le iba desabrochando la camisa. Lo hicimos, fue el mejor de toda mi vida con diferencia. Ambos chillamos, y nos daba igual que hubiera vecinos; mientras que él me acariciaba la espalda, yo me agarraba a las sábanas en un momento de placer. Acabamos los dos sudados, cansados en la cama, mirándonos fijamente a los ojos, sus ojos marrones profundamente eclipsantes; dejé escapar un te quiero, en voz baja, susurrándole al oído, se me saltaron las lágrimas, era una fantasía perfecta, y me dio un dulce beso en mis rojos labios.
Amaneció, era domingo, despertamos con un resacón del bueno. Miré el reloj que colgaba de la pared: las 13.15.
-Buenas tardes.
-Muy buenas señor.
-¿Qué pasó anoche?
-¿No te acuerdas?
-Si, pero como acabamos así…
-No sé…quizás fuese el alcohol…
-O tal vez no.
Esa frase me fulminó, fue como si Cupido me hubiese tirado una flecha y dice de lleno en mi corazón.
Nos miramos mutuamente y corrimos hacia allí, ni rastro, no había ninguna señal de que hubiésemos usado condón. Otra cosa más para preocuparnos, podríamos ser padres.

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